Comprendí

Comprender los ladridos, gruñidos, ronroneos y mirada de un gato o perro es estar ciertamente del otro lado de la barrera.

 

En mi caso, cuando observo que mi perro bosteza a toda mandíbula me dice que además de estar adormilado, dependiendo de la zona en donde está puede ser que esté pidiendo algo o esté preparando un reclamo a otro perro.

 

En el caso de los gatos, ocurre algo similar: puede ser que su ronroneo sea más fuerte o dulce; que rechacen el arenero para sus necesidades; que se escondan o que se hagan destructores.

 

Ese es el lenguaje cotidiano animal.

 

A veces me comentan acerca de la mejor manera para interpretar el lenguaje animal y si bien, no podemos decir que es sencillo; si puede convertirse en algo apasionante porque implica despertar nuestros cinco sentidos y empezar a tener un discernimiento que en otro contexto no tendríamos.

 

Por ejemplo, para algunos perros que empiezan a entrar en una edad avanzada, que puede ser después de los ocho o nueve años, es preciso estar atento hasta de la altura de la cama en la que acostumbran subirse.

 

A Barón, el cuarto de su guía antes le encantaba, después no fue así “porque la cama era alta, y lo parecía aún más a causa de las almohadas” . (Patricia Highsmith).

 

Otro ejemplo, es cuando los miramos, les hablamos de frente y vemos como menean su peluda cola, esa es una expresión conmovedora. Su colita es la mejor manera de expresarse.

 

En los gatos, me ha tocado ver y vivir que de repente les gusta esconderse, solo vigilarte, buscar la manera de “jugar” contigo.

Se vuelven tan cariñosos y dulces, siempre a la espera de caricias y cuidados; si bien su personalidad tiene distintos tintes a la del alma perruna; siguen siendo una bola de pelos que solo queremos acariciar y besar.

 

En resumidas cuentas, los ladridos, gruñidos y mirada son la mejor manera de comprender y tocar su alma y corazón. Solo hay que aprender a conocer e interpretarlos.