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“Alma animal”: Reflejo de las emociones.

Inspirada en el maravilloso trabajo del fotógrafo Robert Bahou, pensé que es buena idea profundizar en su significado.
Alma, etimológicamente viene del latín “soplo vital, respiración” y animal, “ser dotado de respiración o soplo vital”.

Después de aclarar la raíz del significado de estas maravillosas palabras, me gustaría reflexionar sobre su profundidad y el impacto en el alma humana.

De acuerdo a la experiencia de aquellos que hemos tenido la fortuna de compartir nuestra vida con un animal, sabemos que ellos, con su delineada sabiduría son el reflejo de las emociones.

No se necesita mucho, sólo un poco de observación para reconocer que sus rostros transmiten una callada serenidad.

¿Qué hay en la cara de un animal?

¿Qué dice esa apariencia que no sepamos?.

 

 

Quienes hemos vivido esta experiencia, sabemos que más que en los sonidos que producen, es en sus caras en donde podemos leer sus emociones.

“No es una superficie reflectante de nuestros temores o sentimientos, más bien es una apariencia única, el vehículo de una mirada que nos interroga digna y calladamente sobre nuestras preocupaciones o alegrías, que el animal observa, instalado como está en el amor o la indiferencia hacia nosotros, sus testigos”. -El País.

En este tiempo de búsqueda de silencio y paz interior, tuve una inmensa necesidad de poner palabras a lo que siento, para que sirvan de parapeto frente a la extrema sensibilidad que me despierta observar el rostro de un animal; comenzando por la mirada de mi adorado Apolo.

¿Que nos transmiten en su silencio? Exactamente eso que tanto buscamos y deseamos encontrar: serenidad, paz interior y un reflejo de nosotros mismos.

Esa sensación me da cuando “la realidad se empeña en abismarse y el presente aprieta” (Rosa Montero), creo que centrarme en el momento de sentir y vivir la presencia de un animal, es un acierto.

Cuando eso sucede, mi mente se aquieta, mi respiración se armoniza con la de él y llega el instante preciso.

Me considero golosa de la vida. Como Rosa Montero, creo que los días uno a uno pueden ser algo precioso.

Ralentizar el tiempo, cuando es bueno y aprender a apreciar todo lo que el azar nos regala día a día, esos dones que tendemos a ignorar; pero cuando compartes tu vida, esos instantes son imposibles de ignorar.

Como el amor de la gente que nos quiere; la salud, si la tenemos; un libro, un paseo, una conversación, un atardecer, un coqueteo, un beso, una risa, el lametazo de un perro.

Al igual que los momentos de felicidad, y la gratitud por poder vivirlos. Cada instante de emoción y belleza con animal, es como una perla.

Un modesto chispazo de luz que ilumina el mundo.

Es cuestión de permitirte caer tu humanidad, para experimentar ser el animal; no como una fantasía sino como un hecho real. Es ese en el que se da la conexión con la esencia del individuo.

 

¿Aún no compartes tu vida con un animal?

Te invito a hacerlo sin dudar.