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En línea con lo que hemos platicado acerca de la similitudes de comportamientos entre las especies.

Es interesante la manera que se manifiesta el poder en la selva y en la oficina

Este post es a modo de reflexión para comprender algunas de las raíces de nuestro comportamiento y su evolución.

Esto permitirá comprender que no somos especies distantes sino complementarias.

Las organizaciones son algo muy antiguo para nuestra especie y otras esoecies cercanas por lo que vale la pena echar ojo a otros primates para extraer lecciones de gestión en lo que se refiere al reparto de poder y trabajo en equipo.

En ellos podemos encontrar las raíces y el porque de algunos comportamientos.

Si partimos por el principio que las empresas es un conjunto de personas con objetivos en común y con un deseo importante de desarrollarse, nos será más sencillo comprender algunos de los comportamientos de algunos primates.

Por ejemplo, los chimpancés tienden a aventar ramas, piedras u objetos o algún otro comportamiento de dramatización agresiva con el objetivo de demostrar su poder a aquel intruso que se quiera atrever a acercarse con la mínima intención de robarle su poder.

El uso de estas medidas son similares con algunos jefes que gritan, azotan las puertas o lazan maldiciones a todo pulmón.

En este contexto, en que los líderes agresivos son los que dominan, los que más padecen son los subordinados por los efectos en la salud debido al stres que les provoca.

Por eso es importante que personas déspotas eviten dirigir grupos, ya que el efecto en la salud de la empresa y empleados no debe ponerse en riesgo.

En la selva, sucede lo mismo, en algunos grupos de mamíferos y primates cuando hay muestra de abuso, la autoridad individual o colectiva desplaza al agresivo, quien debe buscar colocarse en un nuevo lugar dentro de la manada, grupo o colonia.

 

“Radar” de carencias

De acuerdo con los estudios realizados por la Universidad de Pensilvania, tanto los humanos como algunos animales tienden a enfocar su atención en lo negativo.

Es decir, nos fijamos de manera sistemática en lo que no tenemos o se hace mal ya sea en nosotros o en los demás.

Esta visión de los acontecimientos obstaculiza el cambio.

El Psicólogo Guido Peeters lo denominó “asimetría entre lo positivo y negativo”; la razón evolutiva de esta actitud es que durante nuestra evolución fue más adaptativo fijarse en lo negativo.

Hace miles o millones de años, los que estaban concentrados en lo negativo sobrevivían más.

A esta predisposición de nuestro cerebro se llama “Radar de carencias”.

Actualmente es importante que reflexionemos y aceptemos que aunque estamos rodeados de enemigos, podemos manejar la situación de otra manera con más control y determinación.

Es indispensable aceptar lo positivo en nosotros y nuestro alrededor para potenciarlo y repetirlo más veces.

Lo positivo es que en el fondo sabemos que la familia, la sociedad, las empresas funcionamos mejor cuando reconocemos el papel que cada quien juega.

Por lo que ni las personas ni las empresas son ese cúmulo de problemas por resolver como nos quieren hacer creer.

Más bien, somos lo contrario: somos una especie de éxito y sobrevivencia. Sino, todos hubiéramos desaparecido hace mucho, mucho tiempo.

Es importante no perder de vista quienes somos y lo que somos en nuestro planeta, así ayudará a la conservación y no a la destrucción.

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