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Mirar la estrellas es muy parecido a mirar el reino animal.

El reino animal necesita exploradores modernos que se internen en los secretos esenciales de la vida, ahí está la tierra incógnita.

No solo basta mirar hacia arriba, contemplar las estrellas, sino mirar enfrente y a los lados. Ahí habita el reino animal, en todos los sentidos de nuestra mirada.

Cuando pienso en las estrellas y su forma de alumbrar y dar esperanza, es una forma especial de pensar que en algún momento el lugar que ocupa el reino animal se reivindicará.

Cuando vean una estrella fugaz unamos nuestro intento para nivelar esta oportunidad.

Siento que es una bella tradición pero no tan lejana a sentir la respiración y presencia de un animal a tu lado.

Su alma flota entre nosotros y nos da una fuente de energía que se mezcla con el oxígeno, los cuatros elementos (tierra, fuego, agua y viento) en el que la vida compartida es una danza que debiera ser rítmica y armónica.

Formas, sensaciones, emociones distintas encerradas en un mismo mundo, un reino que está ahí y muchas veces ignoramos.

No lo sentimos, no lo vemos, no lo tomamos en cuenta. Cuando ese mundo que habita nuestro propio mundo es la oportunidad perfecta para ver nuestro reflejo.

Este post es una invitación a que te adentres y profundices más en las señales que la naturaleza te da. No necesitas mucho.
Aun viviendo en al ciudad puedes sentir esa presencia.

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