Bonito

bonito1UN ÚLTIMO ADIÓS

por: Daniel Claros Stark

“…Acaso fue creado para existir sólo un instante en compañía de tu corazón…?” I. Turguénev
Me enseñaron a apreciar los colores de la tempestad. A reconocer en los ojos ya carentes de brillo, la promesa de un reencuentro.
En la esperanza de que lo perdido, ha de reintegrarse, he de aprender a respetar tu partida. Siempre un vestigio queda, aunque el dolor lo opaque. Una imagen, un olor, una simple sensación te han de traer de regreso.
Aquí y ahora son también pasado, son también futuro. El tiempo es sólo fluido continúo, pero la conciencia es el ancla que lo fija todo. Aquí y ahora son también ensoñación, son también deseos irremisiblemente adheridos a límites atemporales.
Situarse en el aquí, en el ahora es lo que te dicen. Que tus ojos absorban lo que siempre estuvo destinado a diluirse. Experimentar lo lejano como pasado, lo cercano como presente y lo invisible como futuro.
¿Pero entonces, si hoy te has ido, si hoy invisible eres y tan lejos te encuentras de mí, por qué te siento tan cerca, tan próximo de lo que una vez fui?
Fui cobarde, fui egoísta al no despedirme de ti. Quería recordarte, quería conservar el mejor recuerdo de ti. Tu mirada, cargada de asombro, de inquietud es lo último que me llevo de ti.
Diez minutos para despedirse, para condensar y recapitular once años juntos. Once años llenos de alegría, paseos por el parque, emociones y decepciones compartidas.
Mi madre llora, llora fuerte a un lado de mí. Llora no por quien parte, sino por el que prevalece con su dolor.
Siempre admiré de ti, la forma ingenua y genuina de contemplar tu mundo, de observar a detalle todo como si fuera la primera vez. Con poco te llenabas de dicha, contagiándome de una sabiduría que no requiere de conceptos precisos, ni elevados.
Tu filosofía era carecer de todo pensamiento meticulosamente ordenado. Sin regla ni dogma que dictara tu comportamiento, y sin embargo, fueron siempre el amor y la fidelidad los que gobernaron tu corazón.
Mi hermano se despide por teléfono, citando una de las frases favoritas de mi abuelo
–“Vayas a dónde vayas, se siempre contento”
Me gustaría creer en ello, y después de todo porque no habría de ser así; especialmente tratándose de un hombre que en plena guerra se despidió de su esposa, pensando que no la volvería a ver jamás.
Me gustaría creer en ello, y sin embargo mi fe, jamás ha escalado al rango de la convicción.
Situarse en el aquí, en el ahora es lo que está de moda. Que tus ojos absorban lo que siempre estuvo destinado a diluirse. Experimentar lo lejano como el ayer, lo cercano como el hoy y lo invisible como un mañana.
Volteo y te miro por última vez .Pronuncio un – hasta luego-, cargado de dudas, y preguntas inquietantes.
Sé que soy cobarde, que soy egoísta al no despedirme de ti. Pero quiero recordarte, llevarme lo mejor de ti. Y sin embargo es tu mirada anhelante e insegura lo último que veo de ti.
Mi padre llora…, llora por ti, llora por mí. Las dudas jamás se desvanecen, el dolor prevalece en mí
Aquí y ahora son también pasado, son también futuro. El tiempo es sólo fluido viscoso e inmóvil, la conciencia es lo que mueve todo. Aquí y ahora son también ensoñación, son también deseos y necesidades irremediablemente adheridos a seres pasajeros.
Hoy te has ido, aquí y ahora invisible eres y lejos te encuentras de mí. Para la mayoría tan sólo eras un perro. Para mí un ser lleno de amor. Alguien y algo completamente único y especial.
Sé que soy cobarde, que soy egoísta, por no darte un último adiós. Pero aunque mí fe carezca de certezas, sé que nos volveremos a ver.