“Acción de gracias” por Susi Grau

Hermoso y poderoso relato, muchas gracias Susi.

cartas perrita susiEsta fotografía es la de mi primera perrita, Doli.
Corría el año 1973, estábamos en nuestra casita de campo en el Pirineo catalán, en Camprodón. Papá había fallecido en enero y mamá y yo nos encontrábamos con sentimientos encontrados: por un lado conmovidas por la belleza del paisaje y por otro, muy tristes todavía por la pérdida sufrida.

En mi casa no habíamos convivido con animales nunca. Mamá, en casa de sus padres sí, con gatos, me había contado. Nos gustaban los animales pero no se nos había ocurrido vivir con uno. Apareció una perrita, coja, que se iba pasando por cada una de las casas, y allí le daban un trozo de pan, allá, un poco de leche. Era muy callada y mostraba que no quería molestar. Empezó a quedarse en la nuestra, desde la mañana hasta la noche. El hijo de unos vecinos, de unos doce años, nos dijo que porque no le poníamos nombre. Él había pensado uno: Doli. Nos pareció bien. Comenzamos a cocinarle arroz con pollo todos los días, a hacerle mimos. Llegó mediados de agosto, y con esa fecha, llegaron las lluvias de cada año. La hicimos entrar en casa. Se mostró como si hubiera sido su casa de siempre. Empezó a ser muy cariñosa, con miedo, pero cariñosa. Resulta que comenzó a engordar. Vaya, nos dijimos, se ve que la faltaba comida. Pero no. Lo que ocurría es que estaba preñada. Que perra lista ¿verdad? Abandonada, coja, y preñada, supo buscarse la vida para velar por sí misma y por los cachorros que estaba gestando.

Llegaba el momento de volver a Barcelona, las vacaciones terminaban. ¿Qué hacemos? Nos preguntamos. ¿Nos la bajamos y vemos qué pasa con ella y con nosotras? Y sí, esa fue la decisión que tomamos, adoptamos a Doli.

Para ser justos, es al revés, Doli nos adoptó a nosotras.

En Barcelona no se encontró bien, mucho tráfico, ruido, olores. Mostró muchísimo miedo. También tenía pavor a la escoba, estaba claro que la pegaban con ella (el veterinario nos dijo que su cojera era debido a una fractura que no curaron, producto de un escobazo o una patada). Era ver la escoba y salir a escape a guarecerse debajo de una cama. Tardé un año en conseguir que soportara la escoba con cierta tranquilidad.

Bueno, el trece de septiembre, parió a sus seis preciosos cachorros. Habíamos preguntado qué hacer para este acontecimiento y nos dijeron que ponerle una manta vieja en un sitio recogido, una caja para poner a los cachorros, dejarla tranquila. Pues nos dimos cuenta de que empezaba el parto porque rompió aguas en el paseo de la mañana. Subimos, y la llevamos al despacho que es donde pensamos que pariera. Allí unas cortinas viejas, una caja y la dejamos sola. Pero ella sacaba la cabeza por la puerta y volvía a entrar. Una y otra vez. Mamá y yo pensamos que quería que estuviéramos con ella, así que la acompañamos. Fue emocionante observar lo bien que sabía hacerlo (seguramente ya habría parido otras veces). Agarraba un trozo de cortina con los dientes, y estiraba hacia arriba mientras sus patas sujetaban la tela. Tenía los dolores. El primer cachorrito salió. Comenzó a lamerlo intensamente, después le cortó el cordón umbilical con sus dientes. El cachorro se notaba vivo y sano. Lo cogí para ponerlo en la cajita de cartón pero Doli me hizo saber que no, que no quería que lo pusiera allí, de modo que lo saqué y lo puse donde ella lo había dejado. El mismo proceso ocurrió cinco veces más. Cada cachorrito era más precioso que el anterior, fue un espectáculo memorable. Ahora, mientras lo escribo lo revivo en mi memoria y me conmuevo. Cuando los tuvo todos a punto, se estiró de lado y fue acomodando a sus hijos. Les daba pequeños golpecitos con el morro para estimularlos a mamar, y lo hicieron. Se veía feliz, tranquila, nos echaba miradas de afecto a cada rato. Creo que se sentía segura y protegida.

Fue una madre perfecta. Los primeros días bajábamos unos pocos minutos, el tiempo justo de hacer sus necesidades y volvíamos corriendo para que ella se siguiera ocupando de los pequeños. Supo cuando destetarlos, cómo enseñarles pequeñas cosas. Fue una felicidad muy grande.

La historia final de los pequeños no fue tan feliz. Me costó mucho encontrar casas (y muchas lágrimas por tener que separarme de ellos) donde los adoptaran, y al cabo de unos meses (casi un año) al llamar para hacer el seguimiento, ya nadie conservaba al cachorro en su familia. Fue ahí donde (después de llorar mucho) decidí que ninguna otra hembra pariría hijos para que acabaran en la calle abandonados.

Doli y yo nos hicimos tan amigas, tan hermanas. Era inteligente, sabia, alegre, cariñosa, obediente. Nos entendíamos perfectamente. A ella le agradezco que me adoptara, que me escogiera como su humana. Que me amara sin condiciones, con pureza. Todos los minutos que compartimos fueron hermosos, incluso aquella vez que una de las canarias se salió de la jaula, y ella la cazó y me la trajo como regalo. La verdad que me enfadé porque yo amaba a la canaria, pero al rato comprendí que Doli no hacía más que seguir su naturaleza, que era cazadora.

Unos años más tarde, mamá y yo decidimos que no tendríamos más pájaros enjaulados, que los pájaros han nacido para volar en libertad. Los tuvimos porque nos hizo ilusión ver como criaban, cuidarlos, deleitarnos con sus trinos. Compramos las jaulas más grandes que había, los cuidamos con mucho cariño. Ellos nos transmitían también cariño y reconocimiento, fueron unos años muy intensos con sus cantos, alimentando a los pichoncitos diminutos con pasta de cría, observar como crecían, como la madre canaria se iba al extremo de la jaula y llamaba al pichón para que echara a volar. El miedo de éste, los pasos atrás, la perseverancia de la madre, hasta que sí, ¡se lanzó a volar!

A ellos agradecerles la alegría y el afecto que también supieron darnos.

Doli no terminó bien su vida. Otro verano unos años después fue atropellada por el guardabarros trasero de un jeep y murió desnucada al instante. Yo no estaba, trabajaba en Barcelona esa semana. La enterraron en el jardín de detrás, nunca más volvía verla viva desde aquella tarde de domingo que me fui hacia la ciudad.

Ella me hizo mejor, me abrió un horizonte nuevo a toda la vida, no solo a la vida humana.

  1. PARA DOLI

El murmullo suave de unas hojas

Que se mueven en el viento,

El susurro casi imperceptible

De unos pies desnudos,

La delicada perfección

Con que se abre un capullo

Apenas son nada

Cuando me miro en esos ojos tuyos,

¡Tan dulces, tan negros, tan llenos!

Sí, te miro,

Y al hacerlo me llegas tan adentro,

Tan adentro, que sé que nos queremos.

Y hay más:

Cierro los ojos y te sigo viendo,

Aún, me veo:

Humana, impaciente ¿infiel?

Para ti quiero ser mejor, tú me calmas

Y en mis días grises alejas la monotonía,

El dolor, el desengaño.

Tú me has enseñado a usar la alegría,

Para abrir el corazón,

Recibiendo lo generoso de tu amor.

Tú me has enseñado que esa cuenta

Solo se salda, dándolo.

 

  1. PARA TI DOLI, DONDE ESTÉS

 

Doli, amadísima, dulce y tierna.

Una vez te hice un verso

Y en él decía cuánto me dabas

Y que te quería.

La Siniestra ha venido

Llevándote consigo

En una muerte cruel.

¿Y qué muerte no lo es, amada mía?

Me duele tanto por dentro

Y ni el consuelo de la última mirada,

Arroparte en tu mortaja,

Acompañarte en tu último paseo.

Tú, que tanto me amaste,

Yo, que te di todo.

Nosotras, que tanto aprendimos

Ahora estamos solas.

Tú en la tierra desconocida,

Yo anclada en este mundo absurdo.

Has muerto y mucho de mí contigo

Pero la vida vivida es tan llena

Que seguirá nutriéndome mi futuro.

Tú, que me diste todo.

Yo, que te amé tanto

Nunca estaremos solas.

Tú esperándome al otro lado de este mundo,

Yo, absurdamente feliz de haberte amado.

 

17 agosto 1983

 

Estas son las dos poesías que le escribí entonces. La sigo recordando a menudo, veo su carita dulce mirándome con amor, y sigue siendo mi calma y mi alegría.

 

En tantos años he convivido con muchos amiguitos de cuatro patas, sus historias dan para un libro, pero hoy sí que quiero mencionarlos a todos y a cada uno, porque me han enseñado mucho de lo que sé en cuanto al amor, la compasión, la ternura.

 

PERROS

 

PIPPER, NEGRITA, CHIQUITÍN, TRISTÁN, MARRÓ, JACKIE, LEÓN, NEGRITO, YAKO, NUCA, JACKIE, FLAPPY, NINA (aún viva)

 

GATOS

 

NENA, KIKO, PERLITA, CHISPI, NEGRITO, TITE, RUBI, CORTATÚ, LUNITA, PANTERITA, NEL, HAMLET, FIONA, CLEO, NEGRITA, KIKOTE, DIDI (el que vivió más años: 24)

 

cartas-perrita-susi-2Gracias queridos y queridas míos, habéis sido mis grandes maestros de amor, de alegría, de responsabilidad, de resistencia, de arrojo, de compasión, de dulzura.